Don Eduardo Castro: Salvaguardando el Ganando para Impulsar el Progreso del Parque

A lo largo de la Patagonia, los ritmos de la vida, así como la dieta, giran en torno a las ovejas y el ganado. Cuando compramos la Estancia Valle Chacabuco para comenzar a transformarla en el futuro Parque Nacional Patagonia, de a poco fuimos sacando la mayor parte de las 25.000 ovejas y 5.000 vacas para permitir que el hábitat pudiera reponerse y volver a su estado silvestre nativo. Sin embargo, nuestro equipo de 50 personas que trabaja en las casas matrices del parque debe alimentarse y, como verdaderos Patagones, disfrutan la carne. En vez de traer la carne desde otros lugares, decidimos mantener algunos animales para el consumo interno, los cuales son criados en condiciones orgánicas ejemplares y en cantidades acotadas.

Para tener ovejas y cualquier otro tipo de ganado, necesitamos tener un trabajador con experiencia en el campo, que esté dispuesto a vivir en puestos remotos con poca compañía salvo por sus animales. Encontramos justamente eso en Don Eduardo Castro, nacido en Cochrane, la ciudad más cercana al Parque. Desde los primeros días del proyecto del futuro Parque Nacional Patagonia en 2004, él ha cuidado el ganado. Durante años, la pintoresca Cuadra de las Vacas ha sido su hogar y oficina.

Castro se preocupa de que las 250 ovejas, los 4 toros, 140 vacas y 20 caballos estén bien cuidados. Además, si se hacen proyectos especiales, como la esquila de ovejas, siempre está allí para echar una mano.

Por supuesto, trabajar tiempo completo en el campo de vacas a veces no es fácil; “Lo único malo de vivir acá es el río,” dice Castro. “[A veces], no puedes cruzarlo porque es peligroso o complicado.”

Para llegar a la Cuadra de las Vacas, uno debe cruzar el Río Chacabuco. Si el nivel del agua está bajo, se puede cruzar con una camioneta. Sin embargo, si el nivel está alto, cruzar en auto es imposible. La única forma de hacerlo es a caballo.

Una vez que logras cruzarlo, el paisaje es espectacular y en un día claro puedes apreciar el valle y el impresionante Monte Furioso en la distancia, los pastos largos y las aguas claras. Al entrar a la casa de Castro, uno es recibido por una sencilla pero acogedora cocina, un lugar de bienvenida en un frío día de invierno. A pesar de tener las comodidades necesarias, es difícil de imaginar una vida tan solitaria: “Fui criado trabajando sólo,” dice Castro. “Empecé a trabajar joven, cuando tenía catorce años.”

Castro ha visto más cambios en el parque que la mayoría de nosotros. Trabajó por nueve años en la tierra antes de que Kris Tompkins la comprara y era en su mayoría un campo de ovejas. ¿Te preguntas cuál es la mayor diferencia entre trabajar en una estancia y un parque? Hoy en día, Castro trabaja o interactúa con turistas.

“Me gustaría quedarme y ver como [el proyecto] se realiza,” nos cuenta.

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