Visitando la Patagonia y sus Pumas: Relatado por Jim Williams, un Experto en Pumas de Montana

Jim Tracking Pumas on Horseback Photo: Jim Williams

Jim Tracking Pumas on Horseback
Photo: Jim Williams

En Diciembre, Conservación Patagónica y el Director de Conservación, Cristián Saucedo, recibieron a Jim Williams, el administrador del programa de vida silvestre de Montana, Fish, Wildlife and Parks (Montana, Peces, Vida Silvestre y Parques), para realizar un intercambio de estudios. La visita culminó con un seminario muy productivo sobre la conservación del puma y el huemul en Coyhaique, patrocinado por SAG (la autoridad chilena de vida silvestre y agricultura), la cual fue atendida por docenas de funcionarios regionales.

El estado de Montana es muy similar a la Patagonia en cuanto a geografía e historia natural; ambos lugares son conocidos por tener grandes carnívoros nativos y comunidades rurales agrícolas en las montañas. Jim se unió a CP de forma voluntaria como embajador de conservación para Patagonia Inc. en Ventura, California. Rick Ridgeway, el Vice Presidente de los Asuntos Medioambientales de Patagonia (y miembro del Consejo de Conservación Patagónica), visitó a Jim en Montana, donde estuvieron atrapando osos grizzly y lobos. Rick pudo notar inmediatamente las similitudes que existen entre estos dos lugares opuestos en el mundo y trajo a Cristián hasta Montana para hacer un intercambio científico y compartir sus experiencias. En Diciembre, Cristián tuvo la oportunidad de mostrar a Jim el proyecto del nuevo Parque Patagonia y conversar sobre problemas paralelos, aprendizajes y oportunidades.

La visita de Jim incluyó aventuras en el campo y “trabajo puertas adentro”. Como administrador del programa de Montana, Jim ha pasado la mayor parte de su carrera trabajando con los sectores público y privado en grandes proyectos de conservación. Ambos Cristián y Jim hicieron varias presentaciones científicas en el seminario de Coyhaique, el cual fue atendido por oficinas del gobierno, campesinos, uniones de campesinos y activistas ambientales. Incluso participó la Gobernadora de la Región de Aysén junto con su personal. Los temas de las presentaciones abarcaron desde la conservación del huemul, el cual está en peligro de extinción, los conflictos y el manejo de los pumas, la administración activa de la población de vida silvestre, y la supervisión aérea y el inventario de la vida silvestre. Fueron reuniones y talleres productivos, donde se discutieron muchas ideas nuevas.

Cristián trajo a Jim consigo para que ayude con una amplia gama de proyectos de conservación del Parque. Jim participó en el programa de monitoreo de pumas, clasificó guanacos, asistió en la rehabilitación y las actividades de educación sobre el Cóndor Andino, rastreó por radio los huemules del Parque que se encuentran en peligro de extinción, pasó tiempo con otros profesionales del personal del Parque, y conoció a miembros de la comunidad local. Jim incluso tuvo tiempo para mochilear sobre el Cerro Tamanguito, una cumbre local prominente.

Christian and Jim Photo: Jim Williams

Christian and Jim
Photo: Jim Williams

Además de todo esto, Cristián tuvo el placer de que Jim trabajara con los talentosos guardaparques que anteriormente habían sido los gauchos del fundo, hace años atrás. A Jim no le tomó mucho tiempo darse cuenta del valor de los conocimientos locales que tienen estos guardaparques y de lo valiosos que van a ser para el Parque cuando se abra. Después de varios días rastreando pumas en las montañas montando a caballo con los antiguos gauchos, Jim apenas podía caminar, y mucho menos sentarse, sin embargo, junto con Cristián fueron capaces de cubrir áreas inmensas supervisando la visa silvestre y ubicando a los pumas. Estos cuidadores de montañas patagónicos son únicos en su clase y poseen un conocimiento íntimo del paisaje local.

Abajo hay algunas historias del diario de viaje de Jim, ¡es largo pero vale la pena leerlo!

Día 1: Hacia el Fin del Mundo

Lo logramos. Scott [voluntario de PNP que también viene de Montana] y yo nos subimos al avión en Kalispell en medio de la bruma helada. El avión estaba saliendo atrasado a Minnesota así que teníamos que ir a toda velocidad para poder alcanzar nuestro vuelo a Atlanta. Desde Atlanta volamos sobre las Américas; empezó a haber turbulencia sobre Panamá y siguió así sobre el trópico. Cuando llegó el amanecer, la luz estaba brillando de nuevo sobre la tierra y todo el paisaje abajo se veía árido y cálido. Estábamos al final de la Región de Atacama, al norte de Chile. En Santiago, Scott y yo estábamos felices de que ya habíamos logrado hacer casi todo el viaje.

Una vez que estábamos nuevamente en el aire, el paisaje empezó a cambiar. Se puso verde y pudimos ver grandes sistemas de ríos que se drenaban hacia el Océano Pacífico. Eventualmente, justo antes de aterrizar en Puerto Montt, la vista abajo se veía como el Flatland Valley de Montana, con sus pequeños campos agrícolas en medio de un valle de exuberantes pastos verdes. Sin embargo, para lo que no estábamos preparados, era nuestro último vuelo a Balmaceda.

Inmediatamente después de partir desde Puerto Montt, comenzaron a aparecer enormes volcanes cubiertos de nieve. Mi imaginación se apoderó de mi y me preguntaba si los dinosaurios estaban caminado por debajo de estos conos de aspecto primitivo. A medida que seguimos volando más al sur, sobre la bahía oceánica cerca de la isla de Chiloé, los caminos que estaban bajo nosotros empezaron a desaparecer. Y allí fue que lo vimos: el Parque Pumalín y el Corcovado, la cima volcánica que muestran en la película 180 Degrees South. Ahora no nos podíamos despegar de las ventanas del avión.

Ahora, a cada rato se podían ver nuevas formaciones de tierra y ríos, que se veían cada vez más silvestres. ¡La Patagonia! Realmente es un lugar que penetra tu alma, igual que Montana al otro lado del mundo. Entonces, las montañas empezaron a mostrar sus glaciares. Algunas partes de este paisaje nos recordaban a Glacier allá en casa, mientras que otras montañas altas de los Andes hacían que Glacier pareciera un cerrito.

A medida que hacíamos el descenso final al valle que alberga la ciudad de Coyhaique, pudimos ver los hábitats de estepa patagónica que atravesaba desde Argentina, la cual se encontraba a nuestra izquierda, e inmensas cumbres con glaciares al sur, mientras las aguas del Pacífico se desvanecían a nuestra derecha. El viento golpeaba a medida que nos bajábamos, como siempre sucede en la Patagonia, e hicimos nuestro paso con dificultad hasta la remota punta fronteriza de Balmaceda. Sacamos nuestras mochilas apretadas, totalmente sorprendidos de que habían logrado llegar hasta el final, considerando el poco tiempo entre las conexiones en Estados Unidos, y caminamos entre la gente. Allí, Cristián Saucedo nos estaba esperando, todavía sonriendo. Que grata es la sensación de tener un amigo que te reciba cuando estás así de lejos de casa.

El viaje manejando desde Balmaceda hasta la casa de Cristián en Coyhaique era tan hermoso como lo había sido la última hora sobre el avión. Habíamos volado desde el invierno del norte hasta el verano austral de Chile. Los campos de nieve aun se podían ver entre las colinas verdes a lo alto y un viento tibio estaba soplando y el sol brillaba. Todavía estábamos llenos de adrenalina. Cristián nos contaba el resumen del plan. ´Ibamos a ir esa noche a su casa a comer, descansar y luego partir al sur al Parque Patagonia en la mañana por la Carretera Austral. Mientras me estaba quedando dormido no podía sacar el paisaje de mi mente. Siempre he definido mi propio ser con los paisajes. Como en Montana, acá me sentía cómodo.

Lito, Jim and Douglas Photo: Jim Williams

Lito, Jim and Douglas
Photo: Jim Williams

Día 2: Viaje al Parque Patagonia y Cena con Doug y Kris

Dormimos bien. Nos despertamos para un desayuno de huevos, pan, mermelada y rico café preparados por Cristián. Conocimos a Verónica, la socióloga que trabaja para CP, quien nos mostró su nuevo folleto del Cóndor Andino. Luego recogimos a Yumi, una periodista japonesa que iba a entrevistar a Kris Tompkins al día siguiente. Los 5 partimos hacia el sur desde Coyhaique por la Carretera Austral. Vimos bandurrias, chimangos, palomas antárticas, aguiluchos y caracaras. También vimos patos y gansos.

La carretera era dura, como todo en la Patagonia, pero el paisaje lo compensa. Primero, manejamos a través de un cordón de montañas cruzando un santuario de huemules llamado Cerro Castillo. Incluso cayeron unos copos de nieve, pero no muchos. Llegamos a un pueblo chico y manejamos de lago en lago y valle a valle por una carretera pequeña de gravilla. Me sentí realmente dentro de la Patagonia cuando empezamos a compartir un mate. Comimos pan para el almuerzo ya que todos los puestos de empanadas estaban cerrados. Finalmente, llegamos al Lago General Carrera, un enorme lago de la Patagonia que alimenta el Río Baker. Luego seguimos bordeando el amenazado Río Baker hasta llegar al Valle Chacabuco y el Parque nuevo. Inmediatamente empezamos a ver guanacos silvestres.

Cristián manejó derecho hasta la Casa Butler, la casa de invitados del parque, que descansa en un cerro de arbustos neneo arriba del centro administrativo. Allí conocí a Doug y Kris. Había estado un poco nervioso ya que ellos son algunas de las personas que considero mis héroes de la conservación, y han protegido más de 800.000 hectáreas de hábitat en Chile y Argentina. Fueron tremendamente amables. La casa era acogedora, sin embargo era impresionante y lo mejor es que está decorada con fotos y trabajos de arte sobre pumas. Me encontraba en el paraíso de los pumas en la Patagonia con dos héroes legendarios de la conservación.

Doug y Kris eran increíbles. Nos sentamos para hablar de pumas y esto nos llevó inmediatamente a las fotos en el Macbook de Doug. Estuve toda la noche cautivado con las historias y fotos de Doug. Ya que él es piloto, tiene las fotos de paisaje más espectaculares de toda la Patagonia. Doug empezó a mostrar las fotos que sacó desde su propio avión mientras volaba.

Día 3: Desayuno con Doug y el Proyecto de los Cóndores

Fue difícil dormir anoche. Las estrellas, justo afuera por la ventana y visibles desde la cama, iluminaban el cielo austral nocturno. Orión estaba al revés. Nos levantamos temprano y Kris tenía que ir a su entrevista con Yumi para un diario japonés.

Pronto sentimos el olor de huevos a la pimienta que nos llevó a donde estaba Doug, mientras él preparaba el desayuno. Partimos devuelta rápidamente al Macbook de Doug y empezamos un tour por el Parque Pumalín. Doug nos contó que él e Yvon [Chouinard, fundador de Patagonia, Inc] se habían conocido en una zona para escalar en el estado de Nueva York, a fines de los años 50. Han sido amigos desde entonces. Doug me contó que había creado la Compañía The North Face y que había hecho mochilas, carpas, etc, y que al mismo tiempo Yvon estaba fabricando equipos para escalar. Doug también vendía los productos de escalar hechos por Yvon en ferias de mercado.

Después del desayuno, Cristián nos recogió para visitar el proyecto de Cóndores Andinos. Fuimos en un SUV blanco en dirección este hacia Argentina. Era literalmente un tour de guanacos. Estaban en todos los cerros y en cada curva. También habían chulengos recién nacidos. Habían manadas más grandes de las que había visto en Argentina. Cristián estaba muy orgulloso. Por supuesto, lo hice parar muchas veces para sacarles fotos e incluso probé mi cámara go-pro.

Nos detuvimos frente a una ladera grande de piedras y nos bajamos para escalar la ladera, los neneos y los bloques grandes de piedra. Cuando estábamos como a la mitad del camino arriba, Cristián dijo, “¡Allá están!” ¡Vizcachas! Eran los animalitos más tiernos, parecían pikas peleando para poder asomarse. Eran del tamaño de un conejo, con las orejas un poco más cortas, y una cola larga y peluda. Eran de color crema rojizo y bastante curiosas. Las hembras tenían a su hijo único con ellas en las rocas, tomando el sol de la mañana con el viento de la primavera patagónica. Nos quedamos todos absortos por un rato. Las llamamos entre las rocas y les sacamos fotos, nos empapamos con la vista y después bajamos devuelta a nuestro auto.

Al seguir manejando al este del Parque, el paisaje empezó a mostrar contrastes más drásticos. El Cordón de Jeinimeni hacia el sur ahora mostraba sus campos de nieve y glaciares entre las nubes que se movían rápidamente. Luego nos detuvimos y Cristián se bajó del auto y apuntó al cielo, proclamando “¡Cóndor Andino!” Los cóndores estaban volando en círculos a lo alto justo sobre nosotros. Los machos pueden extender sus alas hasta 3 metros de ancho. Entonces, tomamos una curva a la derecha y manejamos por un camino viejo y empinado, lleno de hoyos. Dimos la vuelta en una esquina y paramos. Empezamos a caminar hasta un recinto temporal que estaba situado en la ladera de un cerro. Allí conocimos al cuidador de los cóndores y todos nos asomamos sobre la muralla cubierta mirando al este. Podías ver apenas unas figuras grandes negras abriendo sus alas al interior del recinto.

Había un hoyo de unos 7 centímetros de diámetro perforado en la madera para poder observar. Todos espiamos a las aves jóvenes. Estaban ocupadas saltando sobre una barra larga de madera, abriendo sus alas, tomando los vientos del oeste, y luego aterrizando devuelta sobre la barra. Estaban practicando. Lo que era increíble es que habían cóndores silvestres volando en círculos mucho más arriba, mirando a estos cóndores nuevos en su territorio, claramente interesados. Cristián dijo que eso era importante ya que van a tener que aceptarlos dentro de su grupo social (conocido por ser escaso). Estos pájaros gigantescos están preparándose para ser liberados devuelta a la naturaleza dentro de dos semanas. Van a usar transmisores GPS para ver si se unen a los cóndores locales y para rastrear sus migraciones y movimientos de acuerdo a la temporada. Los Cóndores Andinos pueden volar hasta Argentina, ida y vuelta, en tan sólo minutos. Estos fueron encontrados originalmente al borde de un camino siendo jóvenes y fueron llevados a un centro de rehabilitación en Santiago. Ahora, trabajando junto con la organización de vida silvestre local (SAG) Conservación Patagónica los va a liberar devuelta a los vientos de la Patagonia silvestre. El público también va a participar, así como los estudiantes locales de Cochrane.

Cenamos todos juntos en la cafetería que luego será convertida en un restaurante. Todos los trabajadores y personal del Parque comían en grupo cada vez que tenían el tiempo de hacerlo. Arroz y porotos, pollo, salsa y queque de zanahoria. Nada mejor que tomar un té de limón para terminar un excelente día. Una vez llenos, hicimos el camino devuelta al refugio para escuchar la presentación de Cristián. Llegó el nuevo grupo de voluntarios y se juntaron para escuchar a Cristián introducirlos a los ecosistemas y vida silvestre del Parque. Parecía un profesor universitario y no le costó captar la atención de todos inmediatamente. Fue una presentación fantástica que recogía información compleja, logrando que fuera interesante para todos.

Jim Photo: Jim Williams

Jim
Photo: Jim Williams

Día 4: Acampar, Caminar y Pasear con los Voluntarios

Empecé mi día tomando desayuno de granola con Doug y Kris. De allí me sumé al grupo: Cristián tenía un hermoso mapa de senderos para darme. Caminé hasta el final del sitio y encontré un invernadero. Las niñas de adentro eran muy amorosas y una de ellas, Rachel, vivió en Whitefish, MT. El mundo es muy pequeño. Después de una conversación breve, empecé a caminar devuelta al nuevo camping. El sendero comenzaba en un área ribereña frondosa llena de arbustos de calafate y árboles de lenga. Apenas tomé un poco de aire, pude escuchar el grito de un tero en el cielo. Estaban alertando a todo el mundo de mi presencia. Tomé la curva de un arroyo, todo el tiempo caminando debajo de grandes pedazos de tierra quebrada a mi derecha, y acá apareció un grupo de guanacos. Todos deambularon frente a mi como si yo no estuviera allí. Yo amo los guanacos, son realmente la especie icónica de la Patagonia. Ellas son el equivalente de las cabras de montaña para el Parque Glacier. El sendero serpenteó por un par de kilómetros y luego empecé a ascender por una quebrada, a bajar de nuevo y eventualmente a cruzar un arroyo para llegar a un sitio de camping grande y nuevo del Parque. Vaya lugar para acampar. Tomé el camino devuelta a la oficina para encontrarme con Paula y los voluntarios y pasear con ellos por el Valle Chacabuco, cruzando todo el Parque hasta llegar a la frontera argentina.

Scott y los demás voluntarios estaban muy emocionados de ir a explorar este valle extenso, que ahora está protegido. Mientras tomábamos la curva, observamos vizcachas, después seguimos despacio subiendo un cerro y bajamos hasta una laguna que estaba rodeada de guanacos. Habían chulenguitos recién nacidos, relinchos y hembras, en todas partes. Pasamos por el lugar donde los cóndores se están preparando para ser liberados, y manejamos subiendo junto al río hasta otro nuevo sitio de camping, en la confluencia del Río Avilés y el Río Chacabuco. Miles de hectáreas de territorios inexplorados de la Cordillera de los Andes se desplegaban frente a nuestros ojos. Después de que todos habíamos probado un hongo amarillo y dorado que se adhería a los árboles de la ribera, nos volvimos a preparar y seguimos caminando hacia Argentina.

Mi lugar favorito era el Valle de los Guanacos. No lograba aburrirme de estos bizarros y sociables camellos. Luego el Cerro Lucas y el Cerro Principio salieron a la vista, con un halo de nubes haciendo un círculo entremedio con el viento. Después, llegamos a la aduana chilena y nos registramos. Una vez que la reja estaba abierta, empezamos a buscar ñandúes, pero no tuvimos suerte. Aunque si pudimos encontrar un zorrillo, o zorrino de la Patagonia. Ellos saltan arriba y abajo con las patas delanteras en vez de rociarte levantando la cola. Detrás del zorrillo había una laguna con flamencos comiendo en la costa.

A medida que nos acercamos a la frontera, la línea del horizonte pasó a convertirse en una serie de cumbres gigantes abiertas al norte y con vistas al San Lorenzo por el sur. Todos pisamos sobre Argentina. Una vez hecho esto, regresamos al recinto militar chileno donde habían ovejas y los voluntarios fueron invitados a esquilar, rodeados de gauchos militares. La mayor parte de la Patagonia todavía huele a ovejas. Pude oler distintivamente a los animales ya que había cientos de ellos alrededor. Pronto empezó a hacer frío y comenzamos a manejar el largo camino devuelta a casa. Esa noche comimos un increíble plato brasilero de camarones hecho por Paula, la señora de Cristián, y la administradora del programa de voluntarios del Parque. Verónica, Paula, Cristián y yo nos reímos, comimos y tomamos vino Carmenere chileno de Talca, la ciudad natal de Paula.

Delmira's Puesto Photo: Jim Williams

Delmira’s Puesto
Photo: Jim Williams

Día 5: Conociendo a Arcilio, el Gaucho de los Pumas

Hoy conocí a Arcilio. He viajado un largo camino hasta el fin del mundo para poder conocer a este famoso rastreador de pumas. Hacia el final del día, Cristián y yo manejamos como una hora hasta el remoto puesto junto al Río Chacabuco. Desde acá, se puede mirar hacia el Pacífico y ver nítidamente los Campos de Hielo Norte de la Patagonia. Es tan impresionante que te quita el aliento. Los glaciares son inmensos. No hay mucha vida en los campos de hielo. Son vestigios del Pleistoceno y un poco de la Antártica que aun sobreviven en la Patagonia. El tiempo en la Patagonia proviene de la Antártica y este campo de hielo. El viento y el agua vienen del Pacífico, se elevan y se suman a los enormes glaciares, y luego soplan abajo hacia el Valle Chacabuco.

Arcilio vive en este modesto campo, como lo hace la mayoría de los gauchos: con sencillez y soledad. Nos dio la bienvenida inmediatamente. Mide como un metro setenta, pero es robusto y está envejecido, como es de esperar. Tenía el aspecto estoico y severo de un sabio leñador y cuidador de caballos de la montaña. Arcilio aprendió a cazar pumas con su padre, quien había nacido a la sombra de la majestuosa cima andina del San Lorenzo, el cerro que ahora forma parte del Parque Nacional Perito Moreno en el lado de Argentina, gracias a Doug y Kris.

La empinada ladera este del Cerro San Lorenzo parece ser imposible de escalar, pero algún día alguien lo intentará y lo logrará, eventualmente. Es una montaña peligrosa. Está repleta de enormes bloques de hielo que colapsan todos los días e incluso durante la noche. Una vez Cristián, Paula, Kris y Doug acamparon debajo de la cumbre y tuvieron una orquesta de hielos que caían toda la noche. El padre de Arcilio una vez rastreó y mató un puma debajo del Cerro San Lorenzo con un amigo. Los dos leoneros acamparon e insertaron el puma en un palo, sobre el fuego, al estilo de los gauchos. Se fueron comiendo el puma de a poco y sobrevivieron por días. Arcilio dice que el puma sabe a chancho. Las costillas son lo mejor. Arcilio aprendió a cazar y rastrear pumas con su padre. Cuando era un niño, Arcilio y su padre una vez rastrearon un puma en lo profundo de la Cordillera de los Andes; cuando alcanzaron su presa, los agarró una fuerte tormenta. Estuvieron obligados a adoptar tácticas de supervivencia, comiendo el puma durante varios días. Arcilio tenía 14 años en ese entonces. Esa fue su introducción al rastreo y la caza de pumas.

En estos días, Arcilio caza para la conservación y la ciencia. Cristián pudo notar inmediatamente sus talentos y la estima que ha tenido siempre, a nivel local, como leonero de la propiedad antes de que se convirtiera en parque. El Leonero de Chacabuco. También pudo apreciar cómo se manejaba entre estos grandes valles y montañas. “Mate,” Arcilio asiente con la cabeza, haciendo un gesto firme mientras me pasa el porongo. Disfruté cada sorbo mientras me sentaba allí compartiendo mate con uno de los rastreadores de pumas más famosos de la Patagonia y mi buen amigo Cristián en un campo remoto. Cuatro muros, una cocina a leña, un pequeño living, una habitación chica y un baño. Me recordaba la cabaña de un pastor en Montana. Filmé a Arcilio mientras me contaba sobre una puma hembra, o leona, que una vez siguió peleando y mordiendo a los perros leoneros. Paula incluso tuvo que coserle devuelta las orejas a los perros después del encuentro con esta hembra fiera.

Arcilio también nos contó una historia en que una vez tuvo que acorralar un puma grande en una cueva en lo alto. Después de muchos intentos de llevarse el puma, se dio por vencido y cerró la cueva con rocas dejando sólo una pequeña apertura en la cual puso una trampa. Después de tres días, el puma finalmente dejó la cueva y Arcilio tuvo su puma. Yo escuchaba sintiéndome como en un trance. La magia del lugar no dejaba de fascinarme. A medida que manejábamos devuelta por las llanuras, buscando quirquinchos peludos, el sol comenzaba a pintar una vez más el cielo patagónico. El atardecer ilumina las Montañas Jeinimeni hacia el norte y el este de una manera que no se puede describir. Las manadas de guanacos pastando y un zorro culpeo gris rojizo que pasaba deambulando hicieron que este día terminara de una forma increíble. La hora transcurrió desde un cielo azul hasta llegar la noche.

Día 6: Rastreando Pumas Patagónicos

Me duele el cuerpo. Las rodillas y en todas partes, después de andar a caballo por más de 30 kilómetros por las montañas, rastreando pumas al estilo patagónico. Temprano esta mañana, Cristián y yo manejamos al Río Chacabuco, unos 15 kilómetros hacia Argentina. Fue acá donde nos reunimos con Delmiro y Arcilio. Tenían los caballos listos para montar al borde del gran río trenzado. Las monturas eran del estilo de los gauchos patagones, bastantes cómodos.

Todos escalamos desde la parte baja del río y empezamos a elevarnos constantemente por unos 5 kilómetros. Estábamos justo en medio de una típica escena de la Patagonia que probablemente se ha repetido por miles de años. Pasamos entre manadas de guanacos que lloriqueaban y se reían a carcajadas. Las cimas cubiertas de nieve con guanacos brincando y saltando en la estepa son algo que realmente puede estimular la imaginación. Era simplemente asombroso.

Luego nos encontramos con unas laderas realmente empinadas, pero aun así abiertas. Los gauchos nos llevaron subiendo derecho por la montaña. Con estos caballos realmente se ahorraban calorías y pude comprender inmediatamente porque eran tan importantes. Debes atravesar por muchos terrenos para poder encontrar un puma acá. Cada cierto rato, daba vuelta mi cabeza para mirar la vista de las montañas. El sol estaba entrando por Argentina y brillaba justo sobre el Campo de Hielo Norte de la Patagonia al oeste. No podía quitar los ojos de los glaciares.

Seguimos ascendiendo, una cuenca a la vez. Pasamos al lado de un puesto viejo que estaba arriba y escalamos unas laderas boscosas realmente empinadas hasta el punto más alto para así poder revisar si había señales de collares de radio. Pudimos presenciar los cantos de las caturras, ostreros australes y, lo mejor de todo, un carpintero negro de cabeza roja. A medida que llegamos a la cresta del último punto alto de las rocas, se presentó una vista aun más impresionante. Ahora estábamos mirando hacia el sur a un cañón y valle gigante, directamente frente el imponente Cerro San Lorenzo, que estaba cubierto de nieve. Arcilio sonreía mientras me apuntaba la enorme masa de la cima de la montaña. El puma macho que buscábamos con radio en esta área se llama Lorenzo, un nombre apropiado para el lugar. Una vez que partimos con el equipo escaneando los canales, escuchamos un puma pero no era Lorenzo. Era la hembra a la que Cristián quería cambiar el collar, pero estaba muy lejos hacia el suroeste, yendo hacia el Cerro Tamango y el Tamanguito. Compartimos unos chocolates y tomamos fotos de la vista y volvimos a montar sobre los caballos.

El camino para llegar a la hembra tomaría toda la tarde e incluso un poco al anochecer. Subimos y bajamos por cañones y atravesamos bosques antiguos de lenga. Cuando llegamos a un bosque de lenga sombreado, los gauchos empezaron a desmontar. Era el momento de descanso para la siesta. Nos echamos todos por allí en la sombra y compartimos pan, sopaipillas, salame, atún y nueces. Daniel usó un cuchillo grande para cortar el pan. Descansamos unos 30 minutos antes de volver a montar los caballos y proseguir hacia el Tamanguito. Estos caballos de los guarda parques estaban muy bien entrenados y son invaluables en un lugar de esta naturaleza.

Fuimos bajando más y más, resbalándonos en la parte delantera de las monturas. Cuando llegamos a una cima más baja, escuchamos unos aullidos y nos dimos vuelta para ver que el perro de Arcilio estaba persiguiendo rápidamente 2 guanacos. Los guanacos probablemente habían saltado desde el arbusto justo frente al perro, y no lo pudo resistir. Arcilio estaba furioso. Lo llamaba una y otra vez, pero el viento se llevaba su voz. Después de unos 15 minutos, pudimos ver al perro corriendo devuelta por la montaña desde donde había desaparecido de nuestra vista. Logró hacer todo el camino devuelta. Arcilio lo estaba esperando y lo retaba como a un niño.

Una vez que llegamos a la base del Tamanguito, ubicamos la señal de la puma hembra. Sin embargo, era demasiado tarde para empezar una subida de 2 horas por el Tamanguito. Cristián hizo el llamado para dejar la misión y partir de nuevo en la mañana, ahora que ya habíamos ubicado al puma. Daniel nos saludó a todos con la mano y partió a su puesto. Entonces partimos hacia el norte e hicimos el largo viaje hasta el centro administrativo. Cuando finalmente llagamos al edificio, apenas podía bajarme de la montura. Estaba adolorido y cansado pero muy satisfecho. Fue una gran experiencia. Mañana partiremos de nuevo, si es que soy capaz de subirme a la montura otra vez.

Patagonia Puma Photo: Jim Williams

Patagonia Puma
Photo: Jim Williams

Día 7 – Capturando al Puma

Hoy día he vivido la captura de puma más increíble de mi vida. Todo empezó con Arcilio, Delmiro y Cristián. Los caballos estaban listos temprano, amarrados a los árboles en los corrales del centro administrativo. Poco me imaginaba yo lo empinado que iba a ser el terreno hoy día y lo importante que era para el caballo encontrar pisadas seguras en estos Andes patagónicos. Sabíamos que la hembra estaba cerca del Tamanguito, así que partimos al este y luego al sur subiendo por los senderos a la ladera del Tamanguito que miraba hacia el este. Luego Arcilio recibió la señal. No estaba en lo alto, sino que abajo en la base del valle en una mezcla pantanosa de calafate, lenga y ñirre, en un enredo de espinas impenetrables. Mientras cabalgábamos bajando por el camino viejo, Arcilio paró su caballo, dio la vuelta e hizo un gesto hacia el suelo. “Puma,” dijo apuntando a una marca de patas apenas visible en la arena. Era el rastro de un puma. Decidimos hacer un círculo para rodear los bosques pantanosos, reubicar la señal y ver si el puma estaba dentro del laberinto de matorrales húmedos.

Llevamos a los caballos despacio a la parte baja y escalamos una subida justo al lado contrario de donde empezamos. Daniel estaba recibiendo una señal fuerte que venía justo debajo de nosotros. Ella estaba con certeza en la base húmeda, probablemente con un guanaco recién cazado. Arcilio liberó los perros una vez que ambos estuvieran alineados. Al principio, sólo escuchamos el viento. Después, sonidos de puma. Los perros se alertaron, pudimos escucharlos aullando y moviéndose más lejos, allá abajo entre los matorrales. Mientras Cristián y yo nos quedábamos sentados en nuestros caballos, pude notar un movimiento en la ladera abierta y grité, “¡puma!” Un puma corría rápidamente arriba por la montaña, se detuvo brevemente, se dio la vuelta y miró atrás hacia los perros de abajo, y partió de nuevo subiendo el cerro.

Cristián y yo observábamos a medida que el puma se precipitaba arriba de la montaña y dentro del bosque más alto de lengas. Entonces, vimos los perros siguiendo detrás de ella, con las narices en el suelo. Los guardaparques partieran con sus caballos, guiados ágilmente por Arcilio. Cabalgaba a un ritmo rápido, mirando el terreno con los perros adelante. Nosotros los seguimos. Pronto nos encontrábamos cabalgando derecho hacia arriba de la montaña. Los caballos agarraron vuelo y empezaron a ir más rápido con el sonido de los perros que aullaban. Estaban bien entrenados, de hecho, esto lo hacen más que nada en el invierno, y usan crampones especiales que se diseñan acá para que las herraduras tengan tracción en la nieve de las montañas. Caballos que usan crampones para perseguir pumas: sólo en la Patagonia.

Nos detuvimos en la cumbre de una montaña y sacamos la antena. Podíamos escuchar con seguridad el collar del puma arriba de la montaña. Los perros se alertaron de nuevo. Esta vez, la caza empezaba de verdad. En unos 5 minutos, Daniel estaba moviendo sus brazos desde su caballo y apuntando a los peñascos de cóndores más arriba. Partimos para allá. Cuando llegamos a una ladera de acantilado realmente empinada, nos bajamos de los caballos y los empezamos a llevar arriba. Una caída hubiera sido peligrosa. ´Ibamos esquivando las ramas, pasando debajo de los árboles y entre los arbustos. Me agarraba firme por mi vida. Muy luego alcanzamos a los perros que aullaban. Entonces, allí estaba ella, dentro de una grieta entre los peñascos de los cóndores, escupiendo y rugiendo a los perros. Un puma patagónico justo frente a mi. He esperado toda mi vida para ver uno. Era hermosa, de tono gris dorado y llena de fuego en sus ojos.

No tomó mucho tiempo para que Cristián cargara la pistola de dardos y le diera un tiro perfecto al hombro delantero. El puma saltó inmediatamente desde la apertura de la roca, volvió a bajar y luego saltó hacia Cristián. Cristián se tiró al suelo, ella cayó a su lado con sus patas delanteras y vino derecho hacia mí. Moví mis brazos y ella se viró hacia los peñascos y deambuló un poco. Estábamos todos llenos de adrenalina. Y entonces se puso en el suelo, tranquilizada. Escenas como esta se han vivido durante años con el programa de monitoreo de pumas en este Parque nuevo. El valor del programa de monitoreo de pumas que realiza Cristián y CP se va a exponer más adelante en la semana en un seminario sobre pumas en Coyhaique. El conocimiento es poder: sin duda, Cristián tenía los datos y la información sobre los pumas locales, y sus técnicas son las más avanzadas. Esto es de tremenda importancia para los trabajos de educación y la información local. Sin lugar a dudas, los pumas van a ser una especie clave y carismática del Parque nuevo. Los visitantes van a valorar el hecho de que los pumas van a considerar el Parque como su hogar una vez más.

On the Summit of Tamanguito Photo: Jim Williams

On the Summit of Tamanguito
Photo: Jim Williams

Día 8 – Cerro Tamanguito

Comencé el día con una breve reunión con Nadine, la directora ejecutiva de Conservación Patagónica. Nadine se graduó de Harvard y viaje ida y vuelta de San Francisco al Valle Chacabuco mientras que ayuda a Kris Tompkins a administrar la fundación. Está llena de energía, es hermosa y habla perfecto castellano. CP está en buenas manos. Luego hice mi mochila y partí para subir el Cerro Tamanguito a pie.

El ascenso era similar a muchas escaladas del Glacier. Me elevé 1.200 metros subiendo en línea recta por 8 kilómetros. La pendiente final de la cima era un ascenso intermedio tipo 3. La diferencia es que acá en la Patagonia no existe una búsqueda y rescate, sino que estás tu sólo. Cristián me dijo que realmente prestara atención al tiempo sobre el campo de hielo al oeste. Si se pone oscuro baja rápido ya que las tormentas de la Patagonia se desatan rápido desde el Pacífico y no quieres estar en una cumbre cuando llegan. Me había quedado casi sin aliento con la última escalada pero pude lidiar con las rocas salientes sin peligro, y en poco rato me encontraba entre 2 túmulos de rocas apiladas. Las vistas eran impresionantes en todas las direcciones. Podía ver el Cerro San Valentín, la cima más alta de la Patagonia en el límite norte del campo de hielo, el cual tiene su propio clima. Pasé largo rato en la cima con el viento helado y las temperaturas húmedas. Las nubes se pusieron negras sobre el campo de hielo así que seguí el consejo de Cristián y empecé a descender rápidamente hacia las lagunas. Comí mi almuerzo frente a un lago alpino de color turquesa. El paseo completo tomó todo el día, y al llegar devuelta al centro administrativo con los pies cansados, me sentía agotado pero con gran satisfacción. Había subido una cima conocida de la Patagonia.

Día 9 – El Huemul y Daniel el Gaucho

Cristián me recogió temprano y partimos hacia el puesto de Daniel que estaba en los fríos y húmedos bosques de lenga, los cuales forman el hogar del excepcional ciervo huemul. El camino era bastante duro: de dos carriles, lleno de hoyos y barro. Cuando llegamos al puesto de Daniel, pude escuchar música en castellano desde las ventanas. Era como viajar al pasado en la Patagonia. La cultura del gaucho todavía se celebra acá. Daniel estaba ocupado preparándonos un almuerzo de tortillas de verduras, huevos fritos y arvejas. Comimos escuchando música de guitarra española en la pequeña y ordenada cabaña.

Daniel salió para revisar una frecuencia de radio de una huemul hembra que vivía allí: su sonrisa se hizo evidente cuando volvió la vista hacia nosotros. Estaba justo sobre el puesto en el lado de la montaña. Pude escuchar la señal de la radio desde mi asiento en la mesa. Terminamos nuestro almuerzo y seguimos a Daniel subiendo la montaña. Los huemules conocen a Daniel: sus movimientos, su olor y como se ve. Ha estado viviendo con ellos por más de 7 años y conoce sus trayectos, sus lugares de descanso en el día, las estructuras de sus astas. Con las hembras y los cervatos, él se memoriza cada una de sus caras y colores. Es increíble.

Seguimos subiendo cada vez más alto. Para mi se sentía como un bosque templado frío y húmedo. Hicimos nuestro paso con dificultad a través de los arbustos de calafate espinosos y troncos de lengas dentro del bosque antiguo. Entonces, la señal se hizo más fuerte y Daniel dijo “paren, huemul” mientras sonreía y lo apuntaba. Allí nos encontrábamos observando un fantasma en vida. Son un poco similares a un ciervo mulo que hay en Montana. Son muy precavidos pero no corren. Son robustos con patas más cortas, de color café con orejas largas. A medida que me acerco a ella sus orejas se levantan y alza la cabeza, pero en vez de correr solamente se queda parada. Me siento muy afortunado de haber observado esta especie de ciervo nativo chileno.

Regresamos al centro administrativo con Daniel. Para mi agrado, tengo dos nuevos compañeros en la Casa Butler. Lito Tejada Flores y su señora, Linde Waidhofer. Lito filmó a Doug e Yvon en su legendario viaje al Monte Fitzroy en 1968. Yo tengo su película, Mountain of Storms. Me encuentro acompañado de la realeza alpinista. Linde es una fotógrafa experta en paisaje, y está trabajando en un libro sobre el Valle Chacabuco para Doug y Kris.

Me quedé dormido pensando en las caturras que habíamos visto. Loros grandes y verdes con colas rojas brillantes. Son bastante conversadoras y cacarean como un grupo muy sociable. También vimos flamencos y Cristián me contó como los camarones se trasladaban de pantano en pantano en sus patas. Ellos incrementan su propio alimento de forma accidental. ¿Quién hubiera pensado que los flamencos pudieran tener un rol en la conectividad de las población de los camarones?

Día 10 – Centro Administrativo y Carretera Austral

Hoy día trabajamos preparando nuestras presentaciones para el seminario del gobierno que vamos a hacer más al norte en Coyhaique, y manejamos todo el camino hasta allá, lleno de cascadas de hielo, altas cimas andinas, fríos bosques lluviosos, ríos inmensos, lagos de todos los colores y mucha gravilla, todo en 7 horas. Comimos una cena tarde en la noche, en el pueblo de Villa Cerro Castillo, en la base de las puntas filudas y el alto paso de montaña. Comí carne con papas fritas. Mañana presentamos e incluso hay algunos funcionarios del gobierno y directores de programas que están viajando desde Santiago para atender y participar en el seminario.

Jim presents on Pumas Photo: Jim Williams

Jim presents on Pumas
Photo: Jim Williams

Día 11 –  Seminario de Pumas del Gobierno Chileno

Nos levantamos temprano y nos apuramos para llegar a la hora. Al llegar nos encontramos con una muchedumbre bastante grande que se paseaba. Había un escenario con luces y un emblema azul y rojo de la organización del gobierno chileno iluminado adelante. En la pantalla mostraban un video sobre Chile. Era impresionante pero todo esto empezó a ponerme un poco nervioso. ¡Era un poco más formal y arreglado de lo que esperaba!

Entonces, mientras nos íbamos sentando, de repente todos se pararon y entró la Gobernadora de la Región de Aysén. Todo el mundo la saludó, a ella y sus guardias, y luego me la introdujeron. Extendí mi mano, ella se quedó allí mirándome y Fernando se acercó rápidamente y me dijo en voz baja, “tienes que darle un beso en la cara”. Ah, entonces me acerqué y ella se inclinó y le besé la cara. Ella sonrió y se sentó. Todavía no conozco todas las normas políticas y culturales.

Di cuatro presentaciones en total. Cristián hizo la mejor presentación científica e informativa. El conocimiento da poder y estaba claro que todos respetaban a Cristián. Fernando es un amigo cercano de Cristián que viene de la reserva Huilo Huilo cerca de Valdivia. Es un hombre grande, con buen estado físico y sociable que una vez fue un piloto de guerra y después voló para LAN. Sin duda tenía una gran personalidad. Después decidió que quería pasar más tiempo en casa por lo que se retiró y empezó a trabajar para la reserva privada. También habla muy bien inglés.

Lo increíble es que Fernando ha dedicado su tiempo y dinero personal para criar güiñas cautivas, pudúes, zorros de Darwin e incluso ñandúes. Nunca nadie había criado güiñas. Me dijo que le tomó siete años conseguir que una pareja se cruzara y reprodujera. Estaba bastante frustrado y finalmente se dio cuenta de que siempre se metían en el cuenco de agua. Ensuciaban el agua para tomar así que él la sacaba y la cambiaba pero se volvían a meter. Un día, su hija se estaba bañando y él le pasó la güiña, y esta se lanzó al agua. El gato empezó a nadar y jugar. Se le ocurrió una idea e instaló una pequeña piscina dentro del recinto de la pareja. Poco tiempo después, tuvieron un crío. Estos son gatos que disfrutan y necesitan el agua. Ellos habitan bosques de la Patagonia que son muy húmedos y oscuros, por lo tanto, tiene sentido. Descubrió que sólo tienen un crío. La literatura anteriormente decía que tenían 5 como regla. Fernando hizo una contribución significativa a la ciencia de las güiñas.

Finalmente, el seminario fue un gran éxito. Cristián regresó sintiéndose muy entusiasmado con las conversaciones que surgieron. ¡Y yo estoy emocionado de haber sido parte de la historia de los pumas de la Patagonia!

2 comentarios en “Visitando la Patagonia y sus Pumas: Relatado por Jim Williams, un Experto en Pumas de Montana

  1. Dan Vermillion
    17 de March de 2014 at 15:39 hrs.

    Jim, great travel diary. Really made me smile. Both the Department and the Chilotes are lucky to have someone like you working on behalf of cultural and puma understandign.

    Congratulations.

  2. Jake Williams
    30 de March de 2014 at 02:07 hrs.

    I am proud to call you my father! Congratulations on your wonderful work down in South America. They should feel lucky to have someone as sharp and talented as you working on their behalf!

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